Vuelven a destilar el whisky de George Washington dos siglos más tarde

martes, 10 de abril de 2007

Vuelven a destilar el whisky de George Washington dos siglos más tarde

El whisky de George Washington, el prócer de la patria estadounidense, era de color leve y de regusto picante, e hizo furor en Virginia, donde dos siglos más tarde vuelve a funcionar su destilería, que hoy se abrió al público.

Washington era un hombre meticuloso y ordenado, y gracias a sus detallados libros de cuentas, los investigadores han podido rescatar algo digno de convencer a los escépticos de que el análisis histórico sí da resultados tangibles.

Se trata de su receta para la elaboración de whisky, que Joe Dangler, de la destilería 'Virginia Gentleman', resume así: 65 por ciento de centeno, 30 por ciento de maíz y 5 por ciento de cebada con malta.

Primero, el grano se fermentaba hasta convertirse en una suerte de cerveza y a continuación se destilaba dos veces para generar 55,25 grados de alcohol, de acuerdo con Rob Sherman, de la empresa Vendome Copper and Brass Works, que fabrica artilugios para la elaboración de licores.

La preponderancia del centeno daba a la bebida una punzada picante que lo distinguía del bourbon, con su mayor carga de maíz, explicó Dangler, quien durante los últimos años ha estado al frente de un equipo para reproducir el sabor original del licor washingtoniano.

Al mismo tiempo, los arqueólogos destapaban los cimientos de la destilería, erigida en 1798 a unos cinco kilómetros de la mansión de Washington en su hacienda en Mount Vernon (Virginia), que ha sido preservada como un lugar histórico.

Hace dos años comenzó su reconstrucción del edificio, que se quemó en 1814 y que se levantaba al lado de un molino para tener acceso fácil al grano, así como al agua para enfriar los toneles durante el destilado.

Tras una década de trabajos, hoy se abrió al público lo que fue una de las destilerías más grandes del siglo XVIII en el país y la única en funcionamiento actualmente en Estados Unidos que data de esa época.

Paradójicamente, el padre de la independencia de las colonias de Norteamérica no era un gran bebedor. Para él la destilería era un negocio, en el que entró casi a regañadientes, temeroso de que se convirtiera en un imán de indolentes.

Sin embargo, le convenció su capataz, James Anderson, quien, cómo no, era escocés. No se arrepintió, pues fue un éxito inmediato. En 1799, produjo más de 40.000 litros de whisky, con un valor aproximado en términos actuales de 120.000 dólares.

Sus gastos de operación eran bajos, pues sus tierras le daban gran parte de los ingredientes y la mayoría de los trabajadores eran esclavos.

"George Washington era un gran empresario. En la década de 1760 se salió del negocio del tabaco y se metió en el cereal. Dijo que creía que América se convertiría en el granero del mundo, lo que ha ocurrido", explicó Steven Bashore, el administrador de la destilería y el molino.

La elaboración de whisky fue parte de una estrategia de diversificación de los negocios, según Bashore, que apuntó que Washington también montó una operación de pesca a gran escala en el río Potomac y diseñó un sistema de rotación de cultivos.

Eso sí, no contaba con los mecanismos de venta modernos. Su destilería vendía el whisky en bruto en toneles a las tiendas de abastos de la cercana ciudad de Alexandria.

También lo despachaba a personas que se plantaban en la destilería con su propio contenedor y que a veces pagaban con gallinas o cereales.

En todo caso, Washington nunca dejó de cobrarles los impuestos federales, según Bashore.

Habría quedado muy mal que evadiera los tributos, cuando en 1794 él mismo se había puesto al frente de una fuerza de 13.000 soldados cuando era presidente para reprimir un alzamiento de fabricantes de licores que se negaban a pagar un nuevo impuesto.

Se llamó la Rebelión del Whisky. Con su destilería, pocos años después, Washington dejó claro que no tenía nada en contra del licor en sí. Aún faltaba más de un siglo para que se decretara en EE.UU. la Ley Seca.

Fuente: Lavanguardia.es