Vinos blancos y rosados: dos tonos refrescantes

miércoles, 26 de agosto de 2009

Vinos blancos y rosados: dos tonos refrescantes

El mejor vino blanco no es un tino, es un blanco... se trata de una frase que sommeliers y enólogos insisten en difundir en México, ya que la mayoría de los aficionados suelen desdeñar a este tipo de vino, al igual que al rosado.

“Mucha gente no bebe blancos o rosados por falta de cultura y cree que es más vino un tinto que los otros dos”, señala Jesús Diez, enólogo y catedrático de la escuela Vini Cultura.
Se piensa que los tintos son universales y en realidad son los otros dos tipos los que precisamente existen para otros momentos como bebida refrescante o para otras categorías de alimentos.

Los vinos en general tienen procesos y caraterísticas similares, sin embargo los blancos y los rosados tienen mayor relación entre ellos que con los tintos, y su finalidad es brindar una bebida para climas templados o calurosos.

Blancos

Las uvas más comunes utilizadas son: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Semillon, Riesling,
Albariño, Moscatel y Pinot Noir. Los blancos se pueden elaborar con cualquier uva, aunque hay que quitarles la cáscara.
Las regiones más conocidas que los producen son: Champagne y Alsacia, en Francia; Mosela, en Alemania; Marlborough, en Nueva Zelandia; Rías Baixas, en España; Minho, en Portugal; Veneto, en Italia; Carneros y Oregon, en Estados Unidos; Casablanca, en Chile, y Querétaro, en México.

El proceso comienza por prensar la uva y separar la piel del mosto (jugo). Se fermenta 30 días en tanques de acero inoxidable (excepto los fermentados en barrica). Se filtra, se estabiliza (eliminar los cristales tartratos -formaciones de ácido tartárico- al bajar la temperatura a 0°C). Se embotella.

Por su elaboración pueden ser de tres tipos: Sin barrica: con aromas a frutas cítricas maridan con cualquier carpaccio, alimentos ácidos o que lleven vinagre. Con barrica: con aromas a guayaba o membrillo, y se maridan con platillos más potentes, como pastas. Fermentados en barrica: con aromas a frutos secos o nueces. Se maridan con una nogada o platillos que tengan estos elementos.

Se deben conservar entre 13 y 15°C. Al servir, los que tengan barrica y fermentados deben estar entre 10 y 12°C, y los que no tienen barrica a 7°C

Una botella no debe guardarse más de dos o tres años después de la cosecha, generalmente. La copa ideal es la de tulipán mediana.

Rosados

Las uvas más comunes utilizadas son la Grenache, Gamay, Merlot, Zinfandel y Pinot Noir. En este caso de cualquier variedad tinta se puede hacer un rosado, pero no se puede hacer de uvas blancas, por el color.

Las regiones más conocidas que los producen son: Navarra y Somontano, en España; Mâcon, Valle de Loire y Beaujolais, en Francia; Napa, en Estados Unidos; Barossa, en Australia, y Marlborugh, en Nueva Zelandia. Estas regiones no son tan específicas y hacen también blancos y/o tintos.

El proceso comienza por despalillar (separar frutos) y estrujar (prensado muy ligero). Se macera para tener un color rosado tenue (de uno a tres días, según el enólogo). Se puede hacer un nuevo prensado para obtener más color y se fermenta en acero inoxidable. Se filtra, estabiliza y embotella.

No existen distintos tipos de rosados, algunos tienen paso por barrica para domarlos (más amables al paladar), aunque por lo general son poco tánicos y ligeros. Son más corpulentos por los taninos y se pueden enfriar. Van bien como aperitivo o con pastas y mariscos. Algunos por su dejo abocado (azucarado) se pueden combinar con comida agridulce, como china o tailandesa.

No son una mezcla de blancos y tintos, pero son un punto intermedio entre ambos, por lo que la temperatura de conservación y servicio son los 13°C.

Se deben consumir entre dos y tres años después del año de cosecha, con excepciones. Ya que por el tanino puede durar más. La copa ideal es la de tulipán.

Fuente: tabascohoy.com.mx